NUEVA Miss UNIVERSO mexicana ¿ES algo QUE debamos CELEBRAR?

A poco más de un mes para que México celebre su bicentenario de la Independencia y 100 años de Revolución, el certamen de belleza Miss Universo le ha concedido el segundo título a una mujer mexicana. Jimena Navarrete Rosete, de 22 años y 1.74 de estatura, pasó a ser, en cuestión de horas, el tercer nombre más buscado en Google y el tema más comentado en la red social Twitter. Su hazaña: haberse coronado el lunes por la noche Miss Universo 2010.

Pero, ¿es Miss Universo un nombramiento del que la gente se puede enorgullecer?

Muchos se preguntan porqué a comienzos del siglo XXI los concursos de belleza siguen vigentes. Para muchos sectores de la sociedad, los certámenes de belleza son denigrantes, un resquicio del pasado donde la mujer es reducida a un conjunto de medidas estándar 90-60-90 y a la pura apariencia.

Los grupos feministas no se explican que el avance de la mujer en otros terrenos no haya ido en paralelo a la desaparición de este tipo de certámenes, que siguen registrando impresionantes cifras de audiencia en todo el mundo.

En el caso de Jimena, joven que abandonó sus estudios de nutrición para dedicarse a la carrera de modelaje, pasó de unos 4000 seguidores en su cuenta de Facebook a contar con más de 25000 aficionados.

Su coronación celebrada en Las Vegas fue transmitida por NBC, una de las mayores cadenas de televisión en Estados Unidos, y por Telemundo, la emisora estadounidense para la comunidad hispana de ese país.

Esto sin contar la retransmisión de la ceremonia en varios países del mundo.

La proyección internacional que acaba de tener Navarrete era el sueño de otras 85 jóvenes aspirantes a ser la más bella del planeta.

Todas mostraron sus cuerpos en bikinis, trajes típicos y vestidos de gala, encima de tacones de infarto y sin abandonar sus sonrisas. Todas tenían que demostrar que además de ser hermosas eran inteligentes. Una rutina que se repite año tras año desde que a mediados del siglo pasado se celebró por primera vez este concurso.

Si bien es cierto que el culto a la mujer, que tiene siglos de historia, puede ser una de las razones por la que los concursos de belleza femeninos continúen siendo tan seguidos.

Para algunos especialistas Miss Universo no solo es una celebración de la belleza, es una subcultura donde hay miles de mujeres en el mundo que se presentan esperando lograr con su belleza una oportunidad a la fama, el mundo del cine, el espectáculo o una vida llena de glamour.

En contraste, los grupos feministas de igual número de naciones que participan para la gala anual han considerado que el motivo cultural que puede estar detrás de estos eventos es "muy secundario".

Más bien, señalan, es el dinero lo que mantiene vigentes los Miss Universo, Miss Mundo y hasta Miss Cirugía Estética, cuya ganadora de este año es la húngara Erzebet Gergely, de 41 años de edad y que en la competencia de este año fue conocida como "Miss adicta a la cirugía de senos".

Pero de regreso al certamen "universal", el apunte objetivo es que el multimillonario Donald Trump es quien está detrás de Miss Universo; y que la transmisión en horario estelar por NBC es un indicativo del grado de exposición que han querido darle los organizadores del evento en un país que sigue con fanatismo los concursos de belleza en una de las ciudades más golpeadas por la crisis económica.

Otro dato para el anecdotario del surrealista concurso es que este año generó más atención en la prensa estadounidense que en el pasado, con la representante de Estados Unidos, de origen árabe, Rima Fakih, quien fue protagonista de varias polémicas, por haber posado en topless y por haber comentado que estaba en contra de la construcción del centro islámico en la Zona Cero de Nueva York. También se la relacionó con un grupo extremista islámico, acusación que ella negó...

¿Son este tipo de espectáculos denigrantes o programas "lindos de ver"? ¿Por qué seguimos viendo la belleza como puraMENTE femenina?

Alicia Machado, Miss Universo 1996, es actriz; la mexicana Lupita Jones, coronada cinco años antes, es la organizadora de Nuestra Belleza de México; la venezolana Irene Sáenz, Miss Universo 1981, fue alcalde de un municipio de Caracas, gobernadora del estado Nueva Esparta y hasta candidata a la presidencia de Venezuela.

Para muchos, la clave de estos certámenes es lo que tanto organizadores como participantes pueden obtener después.

Muchas logran fama internacional, es cierto, pero otras terminan en el "famoseo" local o nacional y hay otras, como Miss Australia 2007, que están en busca de trabajo.

Si bien es cierto que estos eventos no tienen ninguna proyección que signifique más poder para las mujeres.

También es cierto que estos concursos han existido y seguirán existiendo mientras las sociedades y el consumo los muevan en la manera en que los mueven y que han logrado que, a pesar de la emancipación de la mujer o la lucha por la igualdad de los sexos, muchas jóvenes siguen soñando desde pequeñas con ocupar un día el puesto que hoy presume Jimena Navarrete.

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