
Esta semana arrancó la primera Feria Socialista de Juguetes en la capital venezolana, con el fin de que los caraqueños puedan acceder estas navidades al lote de 124,000 juguetes importados por el gobierno y adquirirlos hasta un 70% más baratos que en las tiendas convencionales.
El gobierno invirtió un total de $1.4 millones de dólares en este lote de productos en su mayoría de fabricación China, que incluye marcas estadounidenses reconocidas como Mattel y Fisher Price.
“La feria ha sido un éxito”, aseguró el presidente de Suministros Industriales Venezolanos, Simón Daoud El Sadán, quién explicó que sólo en un día el programa ha beneficiado a unas 2,500 personas. “Los precios bajos se consiguen en parte porque se ahorra el pago de los vendedores, ya que son funcionarios públicos los que están colaborando en la actividad”, explicó Daoud.
No obstante, anunció, debido a que “la mercancía no es suficiente la feria cerrará sus puertas una semana antes de lo previsto”, es decir, el día 15 en lugar del día 22 de diciembre como estaba programado.
La afluencia a esta iniciativa del gobierno venezolano ha sido masiva, dado que se ha convertido para muchos venezolanos en la única vía de acceso a juguetes de calidad cuyo precio es inasequible en muchos hogares debido a la inflación.
“Yo he faltado al trabajo para poder venir aquí ya que los juguetes en las tiendas están ya a cuatro veces su valor por las fechas de navidad”, explica Carlos Castro, quien almuerza en la cola junto a su familia. “Esta feria es una gran cosa, lo único malo son las colas”, opinó la Sra. María, una vecina del lugar en referencia a la fila de cientos de personas que casi da la vuelta al parque de los Caobos, donde se situó una de las dos ferias desplegadas en Caracas.
Lamentablemente, y como es ya una costrumbre en casi todos los gobiernos de Latinoamérica, el primer día en que la feria tenía que haber abierto sus puertas el horario tubo que retrasarse por más de tres horas antes… Mientras la gente hacía la interminable cola fuera del recinto de a feria, en el interior de las carpas las compras ya empezaron.
Decenas de vendedores, funcionarios, militares, amigos y amigos de amigos se abalanzaban sobre las pilas de cajas dispersas anárquicaMENTE sobre el suelo repletas de muñecos, camiones y demás enseres infantiles.
“Las Barbies ya se agotaron”, dice uno de los vendedores, “pero en estos momentos estamos esperando un cargamento. De todos modos, la gente lo quiere todo, se lo lleva todo porque los precios son muy solidarios”.
“Este carrito no lo dejes fuera, sepáramelo que es para mi hijo”, grita una de las “invitadas especiales”.“Mi comandante”, dice más allá un militar en su celular, “todavía no han llegado los helicópteros, pero ya encontré bicicletitas para nena”.
Fuera del lugar, la impaciencia se traduce en gritos y silbidos. Algunos intentan saltarse el protocolo trepando por muros o escurriéndose con sigilo al principio de la fila, desencadenando empujones e improperios de la cansada muchedumbre.
“No me importa aguantar si puedo comprar regalos para mis tres hijos”, dice una mujer.
“Está muy mal organizado”, se queja Luis, cocinero de profesión.
“En Venezuela todo sube sin control y por eso cuando hay estas obras de caridad todo el mundo se vuelve loco”, dice con resignación el hombre que falto a trabajar para tratar de ahorrar algo de dinero en sus compras navideñas.
Al final del día, la historia es una más de la que los habitantes en Latinoamérica estamos acostumbrados… Pero en México no hay que quejarse; rompimos dos Records Guines antes de finalizar el año: el árbol de navidad y la pista de hielo más grandes del mundo son el orgullo de las autoridades capitalinas y, dicen estas mismas, de los mexicanos…

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